El síndrome del Superhéroe

Claudio Rodríguez Morales -.

Se le puede conocer como Síndrome del Superhéroe, del Chapulín Colorado, del Boy Scout y creo que hasta del Quijote de la Mancha. Si existe otro nombre que conozcan y transmita una sensación de ridiculez, bienvenido (aquel psicólogo que lea y termine estas líneas, lo más probable es que encuentre miles de aberraciones; sin embargo, si no dejo esto por escrito, capaz que estas letras terminen aplastándome el pescuezo). 

Decía que el Síndrome recibe diferentes nombres de acuerdo al ingenio y al período de análisis (desde 1918, coincidente con el fin de la Primera Guerra Mundial, y de 1938, con la aparición de Superman). En su descripción general, los expertos coinciden en hablar de sujetos del género masculino, de 15 años en adelante, quienes, apostando por un comportamiento noble, correctos e intachable (en esto, por enésima vez, terminaremos culpando a las madres y no me miren así; apunten sus dardos a Sigmund Freud), acaban viviendo experiencias amorosas desastrosas y cuyo epílogo -como es de esperarse- desemboca en el más absoluto abandono. Es tal el afán de estos sujetos por desarrollar su personalidad delante de sus potenciales o momentáneas parejas que, por lo general, dejan su estela romántica en todo su accionar. Para ello solo les basta la corrección, los buenos modales y la buena fe. El resultado, tal como si se tratase de una fórmula matemática o una ley física, es el sujeto de género femenino (es decir, ella) entregándose de cuerpo entero al denominado malvado (tercer sujeto de este estudio, segundo de género masculino). Por si fuera poco, en la conversación post coito,  ambos sujetos proceden a mofarse del comportamiento altruista del despechado. Es en estas instancias de maldad en que la mujer se vuelve realmente atractiva y un volcán de lujuria. Lo peor es que el héroe lo sabe y lo recuerda desde el momento en que abre los ojos (sólo si logra dormir por las noches después del colapso). 

Una manera para combatir este síndrome es acercarse al mundo del rock (si no se tiene habilidad musical, ejercer la labor de manager trae excelentes resultados), la prostitución terapéutica (no la meramente genital, por cuanto los resultados pueden ser contraproducente) y, sobre todo, al crimen organizado. Lástima que en esto último se retroceda siglos en materia de igualdad de género (si no lo creen, revisen la serie de televisión Los Sopranos y verán).

3 comentarios:

  1. Sugiero retroceder varios siglos de evolución, amigo Rodríguez, sin desmerecer el aporte terapéutico del rock. Medievalismo justiciero y rock satánico pueden ser fórmulas más que idóneas para sobrellevar estos ingratos menesteres en la vida de los chicos buenos.

    Biológicamente hablando, y en esto me remito a un científico ruso cuyo difícil apellido no recuerdo bien, se trata de una permanencia genética en la mentalidad de la mujer, y que proviene de los tiempos cavernarios. Es decir, la mujer se allegaba al macho más rudo buscando protección, buscando sobrevivir y de esa forma permitirle la sobrevivencia a su camada.

    Este rudo prehistórico hoy ha devenido en lo que se conoce como "punga", y ya no tiene el estatus social de antes, aunque sigue generando una atracción parecida y casi siempre inconfesable en las temperamentales damas.

    Muy buen texto antropológico y literario, amigo Rodríguez.

    ResponderEliminar
  2. Anónimo2/17/2013

    Comparta el botín con el malo en un buen menage a troi, señor Claudio.

    Así lo dice la sabiduría concertacionista. Hay que consensuar posiciones en la medida de lo posible.

    La Mano Piadosa

    ResponderEliminar
  3. Inicie terapia, está comprobado que a las ladies les encantan los chicos rudos y malos. Como dice Muzam, es cuestión de supervivencia y no hay más vueltas que darle.
    Le deseo suerte y qué bueno que advierta con este relato a los que pueden padecer el mismo mal.
    Abrazos.

    ResponderEliminar