Robert Johnson o las cuerdas satánicas del Delta

Claudio Rodríguez Morales -.

Fallecido a los 27 años al igual que otras figuras de la música popular como Jimmy Hendrix, Janis Joplin, Jim Morrison y Kurt Cobain, Robert Johnson sólo dejó 29 canciones grabadas para la posteridad. Sin embargo, esto le bastó para ser considerado hoy el “Rey del Blues del Delta” (en alusión a la zona del río Mississippi), además de mentor de generaciones de músicos de blues y de rock. 

Los escasos antecedentes biográficos cuentan que nació en Mississippi, el 8 de mayo de 1911, de la relación entre Julie Ann Majors y Noah Johnson. Julie contrajo matrimonio con Charles Dodds Jr, quien asumió como padre “legal” de Robert. Sin embargo, al poco tiempo éste abandonó a la familia para irse a vivir con su amante, una muchacha mucho más joven que él.

 En 1914, Robert se trasladó con su madre y sus cuatro hermanos a Memphis. Ingresó con Julie a trabajar en una plantación de Robinsonville, período en que ella le reveló quién era su verdadero padre. A partir de ese momento, el joven comenzó a presentarse a sí mismo como Robert Johnson. Primero se interesó en el arpa y luego en la armónica. Más tarde en la guitarra. Willie Brown, un músico de renombre del Robinsonville, le enseñó los secretos del oficio. Sentados en las lápidas del cementerio, se dedicaron a componer melodías conjuntas y a beber alcohol clandestino. 

En febrero de 1929, Robert contrajo matrimonio con Virginia Travis, una joven de 16 años. Sin embargo, ella y el hijo que esperaban fallecieron durante el parto en 1939. Profundamente afectado, Robert buscó consuelo en la música, más precisamente en el blues (melancolía o tristeza en castellano, música vocal e instrumental de monotonía hipnótica, que cuenta con una estructura de doce compases y desarrollada por la comunidad negra de Estados Unidos). 

Para perfeccionarse, se volvió discípulo de Son House, una combinación entre predicador y bluesman, quien le daba a sus interpretaciones una intensidad tal que lo ponía por sobre los otros músicos de la época. Esto, precisamente, fue lo que impresionó a Robert. Sin embargo, la relación entre ellos no fue buena. De hecho, House consideraba que su discípulo no tenía talento. Convencido que si se quedaba en Robinsonville acabaría como recolector de algodón, algunas versiones señalan que Robert partió en busca de su padre. Sin embargo, otras –aquellas que edificaron su leyenda- señalan que decidió vender su alma al Diablo, a cambio de adquirir una habilidad sobrenatural para interpretar su música. Portando un hueso de gato negro, se dirigió al cruce de caminos de las autopistas 49 y 61 en Clarksdale, Mississippi (otras versiones dicen que su único equipaje era una guitarra) y recitó una invocación arcana dirigida a Satán. El acuerdo fue su alma a cambio de un talento sobrenatural para tocar blues. Para ello, el mismo Diablo afinó su guitarra.

 Más allá de la veracidad de esta versión, los cierto fue que a partir de ese momento, Robert tomó como su mentor a Ike Zinnerman, un bluesman de Alabama, quien aseguraba haber aprendido a tocar la guitarra sentado en las lápidas (un ritual que se repetía entre los músicos, como se puede notar). Durante un tiempo, ambos actuaban juntos, hasta que Robert tomó más confianza y comenzó a presentarse solo en los escenarios.

El talento de Robert floreció definitivamente en Hazlehurst, sur de Mississippi. Ya consciente de sus avances, decidió regresar a Robinsonville, un territorio más excitante para cualquier artista que desease consolidarse en el negocio del espectáculo. Sus antiguos maestros, House y Brown, así como todos aquellos que lo conocieron antes de su partida al sur, no podían creer el enorme progreso musical que había adquirido como intérprete. Fue House quien, con algo de envidia y mala intención, echó a correr el rumor de que Robert solo pudo lograr tanta perfección musical vendiendo su alma al Diablo. 

Su catarata en el ojo izquierdo (con solo mirar al público los podía mandar al infierno, se decía), su afición al alcohol, al juego y las mujeres, más su manera de tocar la guitarra como si sus dedos bailaran sobre las cuerdas y su voz gimiendo las letras de sus canciones sobre el pecado, el mal y la muerte, y su espíritu errante (viajaba de pueblo en pueblo tocando, sin detenerse demasiado en ninguno), sirvieron para consolidar su fama de artista maldito. 

A mediados de los 30, ya era conocido en toda la zona del Delta y tuvo la oportunidad de grabar su primer disco con 17 temas. Su mayor éxito fue “Terrapline Blues” con el cual vendió 5 mil copias. Sin embargo, en San Antonio fue detenido por vagancia. La policía lo golpeó y le rompió la guitarra. Retomó la vida errante. Grabó once temas más, sin tanto éxito como el primer disco. 

Su último concierto lo dio en “Three Forks”, en las afueras de Greenwood, Mississippi, en la inserción de las autopistas 82 y 49 E. Una versión señala que cometió la torpeza de involucrarse con la esposa del dueño del local. Este le habría dado a beber whisky con estricnina. Siguiendo la tradición de la época, ningún médico blanco lo atendió durante su agonía dada su condición de hombre negro. Ni siquiera importaba que se tratara de un músico con una reconocida fama. Murió el 16 de agosto de 1938. 

Otras versiones de su muerte señalan asesinato por apuñalamiento, por un tiro, hasta de sífilis y magia negra. Los ejecutores van desde amantes y maridos despechados hasta hombres buscando venganza por la deshonra de sus hermanas, esposas e hijas. En la actualidad existen tres tumbas diferentes con su nombre grabado en la lápida.

5 comentarios:

  1. Gran crónica.

    Para mí su canción es y será siempre "Home Sweet Chicago":

    http://www.youtube.com/watch?v=O8hqGu-leFc


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  2. Perfectamente narrado, amigazo. Los buenos muchachos se hacen justicia en el tiempo.

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  3. interesante y bien escrito, tema original; este personaje masculino parece salido de una novela de Zora Neale Hurston, la escritora del grupo del Harlem Renaissance

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  4. Muy buena historia, y mejor narración. Robert fue un tipo errante hasta después de su muerte, tres tumbas para un sólo muerto.

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  5. Muy buena historia y mejor narración. Robert fue un tipo errante hasta después de su muerte, tres tumbas para un solo muerto.

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