La huella del Equipo Láser

Claudio Rodríguez Morales -.

Fetiche a perpetuidad. Gracias al mercado persa, a la feria de las pulgas y a los galpones de objetos usados. "Eran sólo unas copia mula de los personajes de la Guerra de las Galaxias", comentó mi amigo Fritz y discrepé de su juicio tan ligero. Lo insté a escuchar mi experiencia para hacerle comprender que fueron más que eso. Compañía multicolor para mis años difíciles. Cuando la indiferencia de la vecina de enfrente y la violencia callejera dolían en demasía y obligaban a una pausa dentro del hogar para curar heridas. Evasión cuando se crecía con una bayoneta y un fusil apuntando a las sienes de los mayores si llegaban a levantar demasiado la voz en contra del capataz uniformado. Fantasía al alcance de un hijo de la clase media –y fantasía muy digna: invito a reparar las finas terminaciones en los astronautas de traje ceñido, en el guerrero de perfil, casco, antena y pistola, en el gladiador de máscara, capa y arma levantada, en el robot anaranjado rectangular y en el gorila de antenas y en actitud de guardián- para desvariar con aventuras en un espacio exterior de cartón piedra. Cuando los cortes de luz por la torre dinamitada por la subversión invitaban a proyectar las figuras como sombras gigantes en las paredes, ayudado por una vela dentro de una palmatoria, ignorando la orden parental de acostarse de inmediato. Alternativa a los soldados, jeep, tanques, vaqueros, pieles rojas y caballos con sus historias agotadas y un tanto autoritarias. Más aún si los primeros andaban, de carne y hueso y a sus anchas, apuntándole a lo que se moviera, incluso debajo de las camas. También los hubo de tamaño más pequeño y se les encontraba dentro de los tarros de chocolate en polvo, cuando la higiene era sólo una quimera de la salubridad pública. Pero los juguetes a los que me refiero, y que ahora tengo enfrente -más grandecitos, lo que soporta la extensión entre el índice y el pulgar-, fueron los favoritos. Se canjeaban completando la palabra héroe con letras ocultas en las tapas de las bebidas gaseosas. Luego se les encontró en negocios de barrio y, a veces, coloreados en forma deplorable por un vendedor botado a artista. Hoy les recupero la pista. Por momentos se vuelve difusa. Internet habla de una empresa mexicana de nombre Juguetimundo, colección “Galaxia Equipo Láser” ("Galaxy Laser Team" en su versión gringa) y serie Cometa. Bolsitas con etiqueta y varios de ellos metidos dentro de éstas, diseminadas por otros rincones de América del Sur, en casas de otros niños tan fantasiosos como quien escribe. Prefiero conocer las miles de historias inspiradas por estos monos espaciales colorinches en voz de sus propios coleccionistas, en vez de aquello relacionado con su cadena de producción, cantinela de explotación tan vieja, conocida y verdadera como el rosario en el mes de María.


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