Callejeros

Un dato escuchado al pasar. O al pensar. Ambas acciones hermanadas cuando la senectud no planeaba asustarnos todavía con su sombra tenebrosa. Un párrafo de un libro usado. Un artículo de diario o revista. Una cinta de video pirata comprada en el mercado persa del barrio Franklin. Escaramuzas a ferias libres de los arrabales de Santiago buscando la joya perdida que nos salvaría del naufragio. ¿Y por qué no una noviecita? Nadie lo descartaba, salvo ellas y su preferencia. 

¿Los aciertos? No tan frecuentes como lo hubiésemos querido. Época previa a Internet. Había -y esto no lo puedo dejar pasar- buscadores de cachureos profesionales como Manolito Capote y Jorge Muzam, capaces de encontrar una "Cahiers du Cinema" con Bela Lugoze interpretando a Drácula en la portada. O un clásico de la literatura universal con firma de autor incluida. Tras el éxito de la pesquisa, emprender el regreso a casa, mochila al hombro, cruzando una barriada tras otra, con tal de ahorrarse el pasaje en microbús y así guardar chauchas para la próxima visita. Con estos maestros de la compra regateada, íbamos descubriendo genialidades para decorar anaqueles interiores como una forma de combatir la soledad, la angustia y el deterioro. Era la década perdida. Chicas de chasquilla con gel mirando hacia otro lado. No querían nada con nuestra franela y mezclilla de segunda mano. Nosotros, en cambio, estábamos obligados a soportarnos.

Imagen: https://farm3.static.flickr.com/2092/2157921263_9133da4bb1.jpg

1 comentario:

  1. Época perdida para el hombre práctico, pero ganada para el escritor que llevábamos dentro.

    Textazo, amigo Rodríguez.

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