El chavito de Polanco

Obelisco de Polanco de tres cascadas, homenaje republicano a México lindo. Nos detiene otro más de los interminables semáforos en rojo picante que adornan las esquinas del agónico Distrito Federal. Los nombres de sus calles y avenidas invocan creatividad y restos de locura: Isaac Newton, Galileo Galilei, Homero, Edgar Allan Poe. Residentes, turistas y visitas engalanadas de cuello y corbata juegan a los negocios del Primer Mundo. Dinero plástico fluctuante y luego una marcha rauda arriba de un carrazo. Aún así, debajo de los árboles te divisamos, chavito, mimetizado entre tanta rama del jardín urbano, sentado en postura loto, comodísima, evasora, hasta envidiable. Te acunan, cual hamaca improvisada, el tronco de un árbol, la frialdad de las baldosas del paseo peatonal y un poste de luz doble. Un par de clavos y alambres puestos sobre él, a modo de colgadores, sostienen las pertenencias de los tuyos, los conquistadores de la calle. Detrás de ti, un adulto. Tal vez tu propia madrecita en espera de las bienaventuranzas que tardan en llegar, aquí y en el resto del mundo. Un poco del calor prometido para el invierno, una lluvia de tequila caída del cielo, algo de lana que le sobre al abolengo, un poco más de bienestar revolucionario institucional para toda la chusma. A ver si nos sumamos a los compadres resignados de más atrás, esos que reposan en un pedazo de vereda esperando lo que les traiga el día (aunque por orden de llegada, primero estás tú y tu madrecita). Si el ojo piojo no nos engaña, tus manos chaparras sostienen un álbum de estampitas coleccionables. Se ve intacto, vacío, con toda la vida por delante para completarlo, como la tuya de ahorita, recorriendo las páginas de ese tesoro recién encontrado a toda velocidad. Levantas tu mirada de chamaco hacia un horizonte fantasioso y dices algo a media lengua. Pero nadie te responde al otro lado. Según lo divisado, tu madre ni sufre ni se acongoja por más que le chilles las maravillas de tu propio mundo. Por de pronto, ella tendrá para ti, cuando la noche cuate caiga, tortas, tacos, caldito para el buen sueño, frutas secas, de la estación y confitadas, con tantito de chile, enchiladas, gorditas, guacamole, mixturas de olores o sabores trigales ofrecidos en cada esquina del desaparecido Distrito Federal. El banquete será sin que te recientas, saquito roto, sin que se mine el presupuesto de tu familia, sino la salvación por un par de años más para oír rancheras. La luz rojo picante del semáforo nos regala tu inmortalidad pixelada, simpático escuincle. Un pedazo de tu alegría se va con nosotros, con tu permiso, mande y pásale nomás, cuando se te ofrezca.   

5 comentarios:

  1. Tantos chavitos por el mundo que hay. Bien por los que tienen un adulto detrás y los que no, la providencia los ampare. Qué lindo ver entre las hojitas con ud. Hermoso texto. Abrazos.

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  2. Enorme como siempre, amigazo.

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  3. Un chavito mas...no se si sea él o tú, el afortunado de encontrarse con el otro en Polanco, y no en cualquier otra colonia menos popof. Saludos!

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  4. Cómo logras emocionarme , Claudio.

    Un abrazo

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  5. Cómo logras emocionarme , Claudio.

    Un abrazo

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