Ella, la simple

Con sus ojos pegados en el techo, en la pantalla del plasma recién comprado, o en la erosión de la pared por una pintura mal esparcida por los arrendatarios anteriores, hablando más para sí misma que para su acompañante, colmada de paz y resignación, sin interés en iniciar discusión alguna, conmigo a un lado apoyando el codo en el colchón y la mano en la cabeza, en medio de una tarde de ocio compartida y agonizante, se definió a sí misma como una persona simple. Muy simple, recalcó. ¿Cómo es eso?, pregunté. Armó su propio listado de razones, partiendo en la manera de encarar la vida, continuando en la crianza y estudios recibidos, en sus logros, en sus relaciones con otros, en sus proyectos y hasta en el modo de esperar poco y nada de la muerte. Pensé en todos estos años alejados de esa dinámica inocentona, en tantos chistes perversillos, en jugarretas destinadas a descolocarme, en anzuelos para desatar mi celopatía terminal, en sus fantasías nada culposas en cuartos oscuros, en su furia decantada para descuartizar enemigos y arañar mi espalda con cada pequeña muerte (como si yo fuese la tecla del medio de su celular, borrada de tanto escarbarla con el dedo de la impaciencia), en su amenaza filosa a mis partes pudendas ante cualquier entusiasmo carnal, de refilón, pero siempre pasajero, en su silencio furioso vuelto jeroglífico a mi entendimiento, y le respondí sí, por supuesto, eres una persona muy simple, cómo decir lo contrario.   

2 comentarios:

  1. Poderoso como siempre, amigazo.

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  2. Simple, simples.. le salió genial. Felicitaciones!

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